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BACK TO THE BEGINNING: El Último Ritual de Black Sabbath

BLACK SABBATH - BACK TO THE BEGINNING

Ozzy Osbourne apareció en el escenario con una sonrisa que sabía a despedida. No era el mismo de los años dorados, y eso lo hacía más humano, más cercano. Su voz (gastada pero aún capaz de encender multitudes) nos llevó de la mano por un repertorio que era también una despedida íntima. ¡Cada “yeah!” tembloroso era un suspiro de quien sabe que está tocando por última vez los altares que él mismo ayudó a construir.

Cuando sonaron los primeros acordes de “Crazy Train” y “Iron Man”, sentí cómo mi yo adolescente resucitaba. Cerré los ojos y ahí estaba: con audífonos puestos, encerrado en mi cuarto, emulando de manera torpe (en principio) lo que entendía de esos riffs en mi primera guitarra, sintiendo que el mundo era un poco más soportable gracias a esos riffs.

Pero Back to the Beginning no fue solo Black Sabbath. Fue un festival que reunió a los herederos, a los hijos bastardos del metal que crecieron con el eco de Birmingham como faro. Gojira, con su fuerza tectónica, abrió portales de furia y asombro. Cada golpe de batería parecía arrancado de las profundidades de la Tierra. Era como si quisieran recordarnos que el legado de Black Sabbath no muere: se transforma. Si bien un set corto, potente, con los ya clásicos desde 2016 “Stranded” y “Silvera”, que decir del himno de esta nueva Era del Metal “Mea Culpa” y un cierre excelso versionando “Under the Sun”.

Lamb of God se lanzó al cuello del público con precisión quirúrgica con una entrada potentísima con “Laid to Rest” y cerrar con una versión más que entrañable de “Children of the Grave”. En cuanto a Slayer (ya leyenda en sí mismos) nos entregaron una misa negra sin concesiones, malvada, salvaje y necesaria. La sangre del metal fluía con rabia, con gratitud (el mundo actual no está preparadado para Slayer, y a la vez, hacen mucha falta).

Y Tool. Ah, Tool… Si Sabbath fue el génesis, Tool fue la epifanía. Su set fue un viaje introspectivo, hipnótico, como flotar dentro del tiempo y por supuesto, comunicarse con vida en otras esferas. Nadie hace sentir el abismo tan bello como ellos. Su presencia fue un recordatorio de que la oscuridad también puede ser arte elevado. No en vano, Black Sabbath es de los pioneros de los conceptos esotéricos y evolutivos en la música, algo que Tool ha sabido llevar a otras fronteras.

El cartel completo fue un festín para el alma metalera: Mastodon y su caos estructurado como un mito griego; Rival Sons con su blues rock cargado de alma; Anthrax y su thrash metal inconfundible, clásico, skater y directo; Halestorm liderado por la poderosa voz de Lzzy Hale; Alice in Chains trayendo su característica oscuridad, algo que sin duda nos hizo entrañar cuanto no habrían disfrutado esta gala en Birmingham dos hijos pródigos de Seattle y de Black Sabbath: Layne Staley y Chris Cornell.

Pantera merece un punto y aparte con su sonido demoledor, Zakk Wylde demostró una vez más, porqué es el mejor sucesor de las líneas de Dimebag Darrell. Jason Momoa puede dar fe del disfrute de su contundencia, ¡En pleno Moshpit! No obstante, para mi gusto personal, la presentación de Pantera estuvo algo lenta, para lo que normalmente se suele esperar de ellos.

Guns N’ Roses hizo presente con su energía incombustible, al menos en la instrumental, con un más que memorable cover de “Sabbath Bloody Sabbath”, si bien, en honor a la verdad, Axl Rose está muy lejos de su mejor nivel; Metallica hizo un digno preámbulo a Ozzy y Black Sabbath, reafirmando su estatus de titanes.

Por supuesto, los supergrupos liderados por Tom Morello, que reunieron a leyendas como Billy Corgan, Steven Tyler, Slash, David Draiman, Sammy Hagar, Fred Durst, K.K. Downing, David Ellefson, etc. Amén del Performance de Jack Black emulando “Mr. Crowley”, fueron un digno aderezo para el que hasta la fecha, viene siendo el show más entrañable de la década. Cada uno aportó un grano de eternidad, cada banda una estrella en la constelación sabbática. Pero había algo que unificaba todo, más allá de estilos o generaciones: el respeto. Todos sabíamos por qué estábamos ahí. Todos sabíamos a quién íbamos a despedir.

Cuando las luces bajaron y el último acorde se desvaneció, al ocaso de las memorables “Mamma I´m Coming Home” y todo el repertorio de Sabbath, no hubo solo euforia, sino también un silencio melancólico. Un silencio lleno de gratitud. Back to the Beginning no fue solo un concierto. Fue un ritual. Fue ver a un dios antiguo caminar por última vez entre nosotros. Fue cerrar un círculo que comenzó en algún cuarto adolescente, con un disco prestado, con las pistas en su mp3… con una canción que te hacía sentir que no estabas solo.

Yo no estaba ahí viendo el Streaming sólo por nostalgia. Estaba ahí para agradecer. Porque hay cosas que no se pueden medir en tiempo, ni en notas. Hay cosas (como Black Sabbath y Ozzy) que te marcan para siempre.

Y aunque este fue su último show, sé que seguirán vivos cada vez que alguien, en algún rincón del mundo, ponga ese primer riff y sienta que el corazón le late más fuerte.

Gracias Black Sabbath!!

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